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viernes, 24 de junio de 2011
Mi voz, nuestras voces
La semana pasada viví una experiencia de esas que calan hondo en el ser. Me encontré con un grupo de mujeres, soñadoras, en búsqueda de su desarrollo no sólo profesional sino también personal. Mujeres con un fuerte deseo de ayudar a otros y con la suficiente seguridad de sí mismas como para dejarse a ayudar. Conscientes de que hay otras mujeres que saben más, por experiencia, por edad, por las enseñanzas que la vida les ha dado y que ellas han sabido capitalizar. Con el corazón y la mente dispuestas a admirar ha quien ha dado unos pasos más.
Es increíble el poder de un grupo de mujeres organizadas, con un objetivo claro y común; la energía generada, la fuerza por hacer más y mejor.
Cuánta inspiración que sentí en esos momentos compartidos. Una huella que dejan marcada para siempre en mi.
Y la esperanza ha tomado una bocanada de aire para crecer y decir sí, puedo; yo puedo.
Tanta inspiración, y lo repito mil veces más: inspiración.
Estas semillas están germinando y algunos brotes más alcanzarán.
Que hermosa oportunidad la de afrontar nuestra responsabilidad por ser tan capaces, hábiles, emprendedoras y de alma noble. Es necesario llevar esta bandera y devolver algo de lo maravilloso que nos han dado; como si estuviéramos en un juego en el que pasamos la posta, aunque en este caso parte de la posta se queda con nosotros, mientras otra parte se multiplica de manera infinita para alcanzar más manos.
Tenemos una voz, debemos cantar con la garganta plena y el alma orgullosa. Nuestras voces son vitales para un mundo mejor.
Sí puedo, Yo puedo.
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