Vistas de página en total

lunes, 10 de octubre de 2011

Nuestro cuerpo como consejero

Cuando transitamos un cambio éste genera sensaciones en nuestro cuerpo. Por momentos sentimos que nuestro cuerpo se endurece, se vuelve rígido. Eso pasa cuando lo que se viene nos preocupa. Pero cuando pasamos esa etapa y comenzamos a confiar en el cambio, a vivirlo como nuestra nueva realidad y a aceptarlo nuestro cuerpo comienza a soltarse; y lo que era un estómago asustado se relaja y se abre para que entre oxígeno al cuerpo.
Cuanto más nos abrimos al cambio, más nos predisponemos a vivir nuevas experiencias, a captar nuevas sensaciones y a compartir con personas que están en nuestra misma sintonía. Esa vibración que lanzamos al mundo nos vuelve con nuevas energías, que nos renuevan.
Abrirnos a cambiar es simplemente fluir con la naturaleza del universo. La frase de que lo "único constante es el cambio" es dicha con frecuencia y parece hasta obvio; pero evidemente no estamos tan conscientes de ello, de lo contrario nuestro cuerpo no se endurecería ante el cambio, mostrando su disconformidad hacia el.
A veces el cambio es nuestra mejor carta, y aunque no sepamos a dónde nos lleva, nos permite conectarnos con lo que estamos buscando. Si un cambio se presenta en nuestra vida, es porque de alguna u otra manera nosotros mismos lo buscamos, y aunque al principio carezca de sentido, es el paso que estamos buscando para llegar a "ese" lugar que queremos. Ser conscientes de ello es sabernos responsables frente al camino elegido y más allá del resultado, lo importante al momento de embarcarnos en un nuevo proyecto es ser conscientes de que nosotros mismos lo elegimos. Opiniones a favor y en contra habrán siempre, lo realmente importante es nuestra opinión, que no sólo podemos conocerla a través de nuestros pensamientos y nuestra voz interior; también es útil ver cómo responde nuestro cuerpo cuando pensamos en este cambio, escucharlo y detectar si se pone rígido o si a pesar de la incertidumbre opina que éste cambio es la mejor opción.
Nuestro cuerpo es sabio, escuchar su opinión es tanto o más importante como escuchar la de alguien que nos quiere. 

domingo, 14 de agosto de 2011

Mi Candelaria

Extraño Candelaria. No es una persona, es un lugar en el que desde muy chica pase prácticamente todos los domingos con mi familia. Verde absoluto por todos lados, muchos árboles, bichos raros, a veces alguna que otra piel de víbora encontrada. Pomelos, limones, nísperos y mangos. Muchas idas al arroyito a la vuelta de nuestro terreno, con ramas devenidas en espadas personales por si aparecía algo o alguien raro en el camino. Era tan divertido, era un aventura distinta cada semana, a veces con la familia, a veces con amigos e incluso algunas veces sola; bueno, no sola del todo por que mi mente tenía una comunidad entera que siempre me acompañaba. 
Después crecí, llegó la adolescencia y cambié los árboles por las luces y la música fuerte. Volvía tan cansada de ir a bailar que no me daba el cuerpo para levantarme los domingos para ir a "Cande". 
Ahora, viviendo lejos, cada vez que vuelvo a mi ciudad natal espero ansiosa la ida a ese mundo de recuerdos y fantasía. Está cada vez más hermoso y cada vez que lo dejo me agarra una cosita en la panza, me da pena, siento que lo abandono y que dejo atrás una partecita de mi que en Buenos Aires no encuentra su lugar. 
Tal vez en algún momento vuelva y esté más cerca de mi Candelaria, o quizás esa partecita de mi decida mudarse definitivamente a Buenos Aires y establecer a mi persona en un solo espacio. Aunque no hay lugar como ella, porque en ningún otro espacio vi tanto amor reflejado. 
Cuando en Candelaria cae la tarde aprecio todo el paisaje como si fuera la última foto que voy a guardar hasta mi próximo regreso, el río se aquieta, algunos pescadores regresan a sus casas, y el horizonte se ve infinito como todas las posibilidades que uno tiene, tanto allá como acá. 
Aunque no vuelva definitivamente, tengo a mi Candelaria conmigo, especialmente los domingos. Y aunque no la puedo tocar o mirar, se que alguna vez yo la tuve y ella me tuvo y la puedo recordar. 
Cuánto extraño a mi Candelaria. 

viernes, 24 de junio de 2011

PODEMOS

Mi voz, nuestras voces

La semana pasada viví una experiencia de esas que calan hondo en el ser. Me encontré con un grupo de mujeres, soñadoras, en búsqueda de su desarrollo no sólo profesional sino también personal. Mujeres con un fuerte deseo de ayudar a otros y con la suficiente seguridad de sí mismas como para dejarse a ayudar. Conscientes de que hay otras mujeres que saben más, por experiencia, por edad, por las enseñanzas que la vida les ha dado y que ellas han sabido capitalizar. Con el corazón y la mente dispuestas a admirar ha quien ha dado unos pasos más.
Es increíble el poder de un grupo de mujeres organizadas, con un objetivo claro y común; la energía generada, la fuerza por hacer más y mejor.
Cuánta inspiración que sentí en esos momentos compartidos. Una huella que dejan marcada para siempre en mi.
Y la esperanza ha tomado una bocanada de aire para crecer y decir sí, puedo; yo puedo.
Tanta inspiración, y lo repito mil veces más: inspiración.
Estas semillas están germinando y algunos brotes más alcanzarán.
Que hermosa oportunidad la de afrontar nuestra responsabilidad por ser tan capaces, hábiles, emprendedoras y de alma noble. Es necesario llevar esta bandera y devolver algo de lo maravilloso que nos han dado; como si estuviéramos en un juego en el que pasamos la posta, aunque en este caso parte de la posta se queda con nosotros, mientras otra parte se multiplica de manera infinita para alcanzar más manos.
Tenemos una voz, debemos cantar con la garganta plena y el alma orgullosa. Nuestras voces son vitales para un mundo mejor.
Sí puedo, Yo puedo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Within You Without You (letra en español)

Trabajar ¿vale la pena?

Decir que algo vale la pena es una frase muy común aunque pocas veces somos conscientes de lo que esto significa. Claro que frente a algunos desafíos con los que nos encontramos estamos dispuestos a hacer alguna clase de sacrificio, como dedicar varias horas a solucionar un tema determinado o frecuentarnos con personas con las que no comulgamos del todo o viajar largas distancias. Todo ello motivados por un fin por el que uno está dispuesto a sortear obstáculos, como podrían ser un desarrollo profesional interesante, un sueldo que necesitamos, un gran punto más para mi curriculum, etc. Pero, qué pasa cuando todo ello lo sentimos como una pena, como un castigo. Cuando nos sentimos realmente mal en nuestro lugar de trabajo; cuando permitimos que los malos tratos se vuelvan moneda corriente; cuando justificamos la falta de respeto que nos tenemos entre todos, debido a que la gran mayoría va a trabajar con mal humor por el peso que estar allí significa. Cuán exitosos pueden ser nuestros resultados trabajando en un lugar sintiendo el fuerte deseo de estar en otro. Cuán exitosos pueden ser los resultados de una Compañía, si quienes conformamos su grupo de empleados sentimos tristeza por estar allí, deseos de cambiar de empleo, desinterés por los resultados finales. 
Quienes trabajamos en empresas recibimos los mensajes sobre sus objetivos para lograr crecimientos formidables en poco tiempo, los diez pasos para ser una de las 100 mejores compañías para trabajar, las donaciones millonarias que se hacen para "salvar" al planeta. Todas causas válidas y que suenan dulcemente a mis oídos. 
Ahora bien, la incoherencia que presentan en el día a día entre lo que dicen y lo que hacen tiene un impacto tan negativo como alarmante. Del mismo modo, cuando altos directivos ven que gran parte de su personal está cansado, extenuado por las exigencias y malos resultados, una y otra vez, y sin embargo todo sigue como siempre. O cuando alguien demuestra y expone su cansancio, rápidamente se reemplaza por otro títere sin cabeza, que se recuesta en el engranaje productivo y da comienzo a su nuevo juego.
Cuando hablamos de que una organización no trata bien a sus empleados, o no tiene buen clima laboral, no estamos hablando de un lugar físico de cuatro paredes, hablamos de las personas que gestionan ese lugar.

La resignación y la indiferencia son actitudes para nada virtuosas y en conjunto son enemigos aniquiladores del crecimiento constructivo, de la sinergia, de la salud de cualquier persona y de cualquier organización. 
Esta común resignación que cada vez más personas sienten: "para que me voy a ocupar yo si el otro no se ocupa", "por qué yo tengo que respetar al otro si el otro no me respeta, si a nadie le importa nada", no son más que síntomas de una desesperanza crónica en ascenso. 
Qué estamos haciendo nosotros, los que nos consideramos inteligentes, evolucionados, seres con buen criterio, para devolvernos la esperanza, al menos a nosotros mismos. Este pequeño acto de compromiso podría, sin dudas, depararnos una mejor vida a nosotros y a quienes nos rodean.

No es necesario sufrir una pena para lograr un objetivo. Esa es una vieja fórmula en desuso y ante la que ya muchas personas han experimentado que pueden conseguir sus logros disfrutándolos. Por qué no romper con esos esquemas mentales de que para lograr algo hay que sufrir, o como dijo un directivo que conozco: para llegar a un alto puesto uno tiene que ser una persona difícil (¿?). Este tipo de pensamiento no es sano para nadie.

Yo conservo mi sueño de que seamos personas fáciles en el buen sentido de la palabra, accesibles, respetuosas, empáticas, responsables. Existirá algún grupo de personas en una empresa que también conserve este sueño? 

Muchos de nosotros necesitamos trabajar, por distintos motivos, entonces un razonamiento muy simple: si  necesitamos trabajar, por qué no hacerlo de una manera en la que nos sintamos felices? Qué necesidad tenemos de penar por ello?

viernes, 25 de febrero de 2011

Earth Hour 2011 - We can change the world

Fe en mí

Tan importante es la fe que alguien - al menos una sola persona - tenga en nosotros. El sentir que el otro cree en mí, es gratificante. Es restaurador de nuestros sentimientos ante el miedo que nos da exponernos frente a otros y demostrarnos a nosotros mismos que sí podemos.
Somos lo que creemos ser y en eso nuestra mente tiene una gran ventaja: rápidamente nos convence de una cosa u otra, y esto lo construye con lo que otros nos dicen o demuestran y con el espacio que nosotros les otorgamos a tales creencias. La fe que otros nos demuestren - principalmente en nuestros primeros años de vida - será clave en cómo nos desenvolvamos frente a los retos que vivamos. Nuestros padres condicionan ese valor que nos damos a nosotros mismos. Y sí, son ellos quienes tienen un efecto maravilloso o espeluznante en nuestros años futuros. No obstante, si el efecto que han causado ha sido terrorífico, no es una opción quedarme sentado, llorando, culpándolos de ello. En algunos casos es claro que existen padres malvados que atentan conscientemente contra la vida de sus hijos; pero entiendo que son muchísimos, una gran mayoría, aquellos que simplemente hacen lo que creen que será mejor para sus hijos, basados en el amor y el cuidado que pretenden darles, sin notar que lo que hacen tiene un efecto contrario en sus niños. Es por ello, que frente al sabor amargo y nuestras dudas sobre la estima que sentimos por nosotros mismos, no debiera ser una opción llorar desconsoladamente deseando haber tenido una infancia diferente, que nos permitiera crecer viéndonos como seres exitosos.
Cuando vemos que nuestra auto estima no es más que una construcción de nuestra mente podemos - y somos responsables de hacerlo - reconstruir nuestra mirada, nuestros pensamientos, nuestra opinión. Es como decidir renovar nuestro hogar, y en vez de tener una pared resquebrajada por la humedad y una cocina pequeña y oscura, elegimos otros materiales, más fuertes y de mejor calidad, pintar las paredes de otro color, hacer un gran ventanal a través del cual pueda ver el hermoso verde de los árboles, colocar una chimenea cálida para el invierno y un hermoso acondicionador para el verano. Podemos hacerlo y será un intento de cada día.
Habrá días lluviosos, tormentosos, desolados y otros espléndidos, veraniegos y dulces. Es nuestra elección construir nuestra historia. Lo que estuvo condicionado por otros en nuestra niñez puede ser condicionado ahora por nosotros mismos, por lo que creamos podemos ser. Basta con abrir nuestro corazón y darnos amor a nosotros mismos, mucho amor, tanto como el que le damos a aquellas personas que amamos. Amémonos a nosotros mismos, seamos nuestro mejor amigo, consolémonos cuando sea necesario y alentémonos ante las situaciones difíciles. Dejemos a un lado el castigo por lo que no somos y disfrutemos lo que sí somos y lo que podemos llegar a ser; es nuestra elección.

lunes, 3 de enero de 2011

Yo elijo

A medida que transitamos este camino, la vida, nos encontramos con situaciones que a veces resultan placenteras y otras veces molestas, que nos enfrentan con nuestras luces y nuestras sombras. Cuando estamos parados ante una situación que no nos gusta, que no nos complace en absoluto, podemos tomar varios caminos: quejarnos, preguntarnos por qué, enojarnos, evadirnos, aceptarlo, buscar una mejora, o bien todo eso junto, como un gran proceso a transitar. Algunas veces, en medio de la insatisfacción de enfrentarnos con algo que no nos gusta, nos ahogamos en una profunda tristeza, sintiendo que ése será nuestro estado por siempre y que nada podrá ser diferente. Y hola! sabes que? tenemos opciones!!! ésa es la buena noticia. La noticia que tal vez no nos guste tanto es la de tener que hacernos responsables, es decir, ser "capaces de responder por" aquello que elijamos. Si amigos! es difícil por momentos decir "yo elijo" esto o aquello; no el vecino, no el gobierno, no mi amigo, no mi pareja, no mi padre, YO elijo. 
Aunque no sea sencillo, qué orgullosa estoy de mi, no por las elecciones tomadas - en ellas hay errores, arrebatos, confusiones - sino por la responsabilidad que ejerzo en cada una de ellas. Aunque a veces pueda inundarme la tristeza, se que mis decisiones han sido auténticas y más allá de que hoy quisiera que algunas cosas fueran distintas, estoy feliz por haber sido consecuente con mis necesidades de ese momento. Así y todo con errores, me da paz haberme escuchado a mi misma y no hacer cosas por convenios estúpidos con reglas sociales o con el deber ser que alguna vez alguien impuso. 
Las reflexiones profundas y los cuestionamientos permanentes hacia uno mismo y su responsabilidad no son fáciles de llevar pero sinceramente no podría vivir de otra manera. Sartre escribió una frase que dice mas o menos así: cada ser tiene una melodía, su esencia, si los actos de ese ser no condicen con su melodía, no podrá ser feliz...
Tu qué eliges?