Vistas de página en total

lunes, 10 de octubre de 2011

Nuestro cuerpo como consejero

Cuando transitamos un cambio éste genera sensaciones en nuestro cuerpo. Por momentos sentimos que nuestro cuerpo se endurece, se vuelve rígido. Eso pasa cuando lo que se viene nos preocupa. Pero cuando pasamos esa etapa y comenzamos a confiar en el cambio, a vivirlo como nuestra nueva realidad y a aceptarlo nuestro cuerpo comienza a soltarse; y lo que era un estómago asustado se relaja y se abre para que entre oxígeno al cuerpo.
Cuanto más nos abrimos al cambio, más nos predisponemos a vivir nuevas experiencias, a captar nuevas sensaciones y a compartir con personas que están en nuestra misma sintonía. Esa vibración que lanzamos al mundo nos vuelve con nuevas energías, que nos renuevan.
Abrirnos a cambiar es simplemente fluir con la naturaleza del universo. La frase de que lo "único constante es el cambio" es dicha con frecuencia y parece hasta obvio; pero evidemente no estamos tan conscientes de ello, de lo contrario nuestro cuerpo no se endurecería ante el cambio, mostrando su disconformidad hacia el.
A veces el cambio es nuestra mejor carta, y aunque no sepamos a dónde nos lleva, nos permite conectarnos con lo que estamos buscando. Si un cambio se presenta en nuestra vida, es porque de alguna u otra manera nosotros mismos lo buscamos, y aunque al principio carezca de sentido, es el paso que estamos buscando para llegar a "ese" lugar que queremos. Ser conscientes de ello es sabernos responsables frente al camino elegido y más allá del resultado, lo importante al momento de embarcarnos en un nuevo proyecto es ser conscientes de que nosotros mismos lo elegimos. Opiniones a favor y en contra habrán siempre, lo realmente importante es nuestra opinión, que no sólo podemos conocerla a través de nuestros pensamientos y nuestra voz interior; también es útil ver cómo responde nuestro cuerpo cuando pensamos en este cambio, escucharlo y detectar si se pone rígido o si a pesar de la incertidumbre opina que éste cambio es la mejor opción.
Nuestro cuerpo es sabio, escuchar su opinión es tanto o más importante como escuchar la de alguien que nos quiere.