Vistas de página en total

viernes, 25 de febrero de 2011

Fe en mí

Tan importante es la fe que alguien - al menos una sola persona - tenga en nosotros. El sentir que el otro cree en mí, es gratificante. Es restaurador de nuestros sentimientos ante el miedo que nos da exponernos frente a otros y demostrarnos a nosotros mismos que sí podemos.
Somos lo que creemos ser y en eso nuestra mente tiene una gran ventaja: rápidamente nos convence de una cosa u otra, y esto lo construye con lo que otros nos dicen o demuestran y con el espacio que nosotros les otorgamos a tales creencias. La fe que otros nos demuestren - principalmente en nuestros primeros años de vida - será clave en cómo nos desenvolvamos frente a los retos que vivamos. Nuestros padres condicionan ese valor que nos damos a nosotros mismos. Y sí, son ellos quienes tienen un efecto maravilloso o espeluznante en nuestros años futuros. No obstante, si el efecto que han causado ha sido terrorífico, no es una opción quedarme sentado, llorando, culpándolos de ello. En algunos casos es claro que existen padres malvados que atentan conscientemente contra la vida de sus hijos; pero entiendo que son muchísimos, una gran mayoría, aquellos que simplemente hacen lo que creen que será mejor para sus hijos, basados en el amor y el cuidado que pretenden darles, sin notar que lo que hacen tiene un efecto contrario en sus niños. Es por ello, que frente al sabor amargo y nuestras dudas sobre la estima que sentimos por nosotros mismos, no debiera ser una opción llorar desconsoladamente deseando haber tenido una infancia diferente, que nos permitiera crecer viéndonos como seres exitosos.
Cuando vemos que nuestra auto estima no es más que una construcción de nuestra mente podemos - y somos responsables de hacerlo - reconstruir nuestra mirada, nuestros pensamientos, nuestra opinión. Es como decidir renovar nuestro hogar, y en vez de tener una pared resquebrajada por la humedad y una cocina pequeña y oscura, elegimos otros materiales, más fuertes y de mejor calidad, pintar las paredes de otro color, hacer un gran ventanal a través del cual pueda ver el hermoso verde de los árboles, colocar una chimenea cálida para el invierno y un hermoso acondicionador para el verano. Podemos hacerlo y será un intento de cada día.
Habrá días lluviosos, tormentosos, desolados y otros espléndidos, veraniegos y dulces. Es nuestra elección construir nuestra historia. Lo que estuvo condicionado por otros en nuestra niñez puede ser condicionado ahora por nosotros mismos, por lo que creamos podemos ser. Basta con abrir nuestro corazón y darnos amor a nosotros mismos, mucho amor, tanto como el que le damos a aquellas personas que amamos. Amémonos a nosotros mismos, seamos nuestro mejor amigo, consolémonos cuando sea necesario y alentémonos ante las situaciones difíciles. Dejemos a un lado el castigo por lo que no somos y disfrutemos lo que sí somos y lo que podemos llegar a ser; es nuestra elección.

No hay comentarios:

Publicar un comentario