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miércoles, 23 de marzo de 2011

Trabajar ¿vale la pena?

Decir que algo vale la pena es una frase muy común aunque pocas veces somos conscientes de lo que esto significa. Claro que frente a algunos desafíos con los que nos encontramos estamos dispuestos a hacer alguna clase de sacrificio, como dedicar varias horas a solucionar un tema determinado o frecuentarnos con personas con las que no comulgamos del todo o viajar largas distancias. Todo ello motivados por un fin por el que uno está dispuesto a sortear obstáculos, como podrían ser un desarrollo profesional interesante, un sueldo que necesitamos, un gran punto más para mi curriculum, etc. Pero, qué pasa cuando todo ello lo sentimos como una pena, como un castigo. Cuando nos sentimos realmente mal en nuestro lugar de trabajo; cuando permitimos que los malos tratos se vuelvan moneda corriente; cuando justificamos la falta de respeto que nos tenemos entre todos, debido a que la gran mayoría va a trabajar con mal humor por el peso que estar allí significa. Cuán exitosos pueden ser nuestros resultados trabajando en un lugar sintiendo el fuerte deseo de estar en otro. Cuán exitosos pueden ser los resultados de una Compañía, si quienes conformamos su grupo de empleados sentimos tristeza por estar allí, deseos de cambiar de empleo, desinterés por los resultados finales. 
Quienes trabajamos en empresas recibimos los mensajes sobre sus objetivos para lograr crecimientos formidables en poco tiempo, los diez pasos para ser una de las 100 mejores compañías para trabajar, las donaciones millonarias que se hacen para "salvar" al planeta. Todas causas válidas y que suenan dulcemente a mis oídos. 
Ahora bien, la incoherencia que presentan en el día a día entre lo que dicen y lo que hacen tiene un impacto tan negativo como alarmante. Del mismo modo, cuando altos directivos ven que gran parte de su personal está cansado, extenuado por las exigencias y malos resultados, una y otra vez, y sin embargo todo sigue como siempre. O cuando alguien demuestra y expone su cansancio, rápidamente se reemplaza por otro títere sin cabeza, que se recuesta en el engranaje productivo y da comienzo a su nuevo juego.
Cuando hablamos de que una organización no trata bien a sus empleados, o no tiene buen clima laboral, no estamos hablando de un lugar físico de cuatro paredes, hablamos de las personas que gestionan ese lugar.

La resignación y la indiferencia son actitudes para nada virtuosas y en conjunto son enemigos aniquiladores del crecimiento constructivo, de la sinergia, de la salud de cualquier persona y de cualquier organización. 
Esta común resignación que cada vez más personas sienten: "para que me voy a ocupar yo si el otro no se ocupa", "por qué yo tengo que respetar al otro si el otro no me respeta, si a nadie le importa nada", no son más que síntomas de una desesperanza crónica en ascenso. 
Qué estamos haciendo nosotros, los que nos consideramos inteligentes, evolucionados, seres con buen criterio, para devolvernos la esperanza, al menos a nosotros mismos. Este pequeño acto de compromiso podría, sin dudas, depararnos una mejor vida a nosotros y a quienes nos rodean.

No es necesario sufrir una pena para lograr un objetivo. Esa es una vieja fórmula en desuso y ante la que ya muchas personas han experimentado que pueden conseguir sus logros disfrutándolos. Por qué no romper con esos esquemas mentales de que para lograr algo hay que sufrir, o como dijo un directivo que conozco: para llegar a un alto puesto uno tiene que ser una persona difícil (¿?). Este tipo de pensamiento no es sano para nadie.

Yo conservo mi sueño de que seamos personas fáciles en el buen sentido de la palabra, accesibles, respetuosas, empáticas, responsables. Existirá algún grupo de personas en una empresa que también conserve este sueño? 

Muchos de nosotros necesitamos trabajar, por distintos motivos, entonces un razonamiento muy simple: si  necesitamos trabajar, por qué no hacerlo de una manera en la que nos sintamos felices? Qué necesidad tenemos de penar por ello?

1 comentario:

  1. Muy bueno y esperanzador tu artículo; a veces creemos que estamos solos/as en esta cruzada de cambios de paradigmas mentales, sobre todo en el ámbito laboral; lo bueno es saber que ya somos muchos los que apostamos por una mejor calidad de vida en el plano profesional, que no nos mantenemos autistas frente al atropello de ideas y valores.Gracias por compartirlo

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